Si a los cuatro años una pobre muchachita ha sido entrenada para insultar, ya podemos imaginar de lo que será capaz a los veinte, envenenada por el odio.

Alumnos de las escuelas del lugar declararon a nuestros reporteros que la directora del instituto y varios profesores los indoctrinan atacando al gobierno y haciendo proselitismo en favor de los rojos, violentando su deber como educadores. Que una muchachita de cuatro años se haya puesto a la cabeza de un grupo para insultar, demuestra la gravedad del problema: en vez de aprender a convivir con otros en la comunidad, a los niños se les inculca odio y antagonismo.

El proselitismo de los comunistas se basa en generar rivalidades, odio, resentimientos de clase, desconfianza y hostilidad hacia todo lo que representa trabajo, buenas costumbres, moral y el orden normal de las sociedades libres. En los desórdenes de Cinquera se acusaba al gobierno de todos los males y frustraciones que pueda alguien tener, sin que se mencionara la destrucción perpetrada por la guerrilla a lo largo de dos décadas y el costo de reconstruir el país. Como todos saben, se incita a la lucha de clases y al mismo tiempo se ofrecen paraísos, tarea en la que participa Funes, que no vaciló en tener a su lado a uno de los individuos del más negro historial que puede darse, lo que recogen las crónicas de Geovani Galeas.
Imaginemos lo que será a los veinte años
Los sucesos de Cinquera deben hacer pensar a todos los padres de familia del país en lo que sucedería con sus hijos e hijas si los comunistas llegaran al poder con Funes como máscara pero con su vice y los más radicales en control. Como dicen muchos, es gente cuyas manos están más manchadas de rojo que sus banderas.
¿Cuál es la práctica y el historial de los niños y jovencitos en un Estado totalitario? En Cuba, en la Alemania nazi, en la Unión Soviética y en todo régimen socialista en poder de radicales, los niños son la carne de cañón pero además tienen la tarea de vigilar y reportar lo que hacen y dicen sus padres, sus familiares, sus hermanos: se convierten en informadores, espías dentro de los hogares y en las barriadas. En algunos domina el amor por los padres, en otros los indoctrinamientos y el odio. Nadie podría estar seguro de lo que sus hijos piensan y harían. Si a los cuatro años una pobre muchachita ha sido entrenada para insultar, ya podemos imaginar de lo que será capaz a los veinte, envenenada por el odio.